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Lucilla Tomassifebrero 4, 2026 6 min read

Ada Lovelace: la visionaria victoriana que vio la IA 200 años antes de ChatGPT

Historias
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¿Qué pasaría si te dijera que la primera persona en imaginar máquinas inteligentes no fue un fundador de Silicon Valley, sino una aristócrata del siglo XIX que nunca llegó a ver la electricidad?

En 1843, mientras gran parte de la humanidad aún debatía si los trenes harían que las vacas dejaran de dar leche, Ada Lovelace escribió algo extraordinario: notas sobre una máquina de computación teórica que no se construiría hasta un siglo después. Pero aquí está lo sorprendente: no solo describió lo que la máquina podía hacer. Imaginó en lo que podía convertirse.

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Hoy, mientras lidiamos con ChatGPT, Claude y el explosivo auge de la IA generativa, las ideas de Ada se sienten menos como curiosidades históricas y más como profecías. Ella vio el potencial de las máquinas para crear música, generar arte y trascender el cálculo puro, conceptos que apenas estamos empezando a comprender por completo.

Esto no es una hagiografía. Ada Lovelace no era perfecta, y sus contribuciones a menudo fueron eclipsadas o atribuidas a otros. Pero entender su trabajo revela algo crucial: las preguntas que nos hacemos sobre la IA en 2025 son las mismas que ella se hacía en 1843. Y quizá, solo quizá, ella ya tenía algunas respuestas.

El primer algoritmo del mundo (y por qué importa más de lo que crees)

Empecemos por los hechos. Ada Lovelace es reconocida por haber escrito el primer algoritmo de computadora: un conjunto de instrucciones diseñado para ser ejecutado por la Máquina Analítica de Charles Babbage, un ordenador mecánico que solo existía sobre el papel.

El algoritmo calculaba los números de Bernoulli, una secuencia importante en matemáticas. Pero lo revolucionario no era el cálculo, sino la forma de pensar.

El algoritmo de Ada incluía algo que nadie había concebido antes: bifurcaciones condicionales y bucles. En términos modernos, inventó el concepto de “if-then” y de iteración. Sin esto, las computadoras serían glorificadas calculadoras. Con esto, se convirtieron en máquinas programables capaces de resolver un rango teóricamente infinito de problemas.

Y aquí es donde se pone aún más alucinante. Ada fue más allá.

En sus notas escribió:

«La Máquina Analítica podría actuar sobre otras cosas además de números… Suponiendo, por ejemplo, que las relaciones fundamentales de los sonidos en la ciencia de la armonía y la composición musical fueran susceptibles de tal expresión y adaptación, la máquina podría componer piezas musicales elaboradas y científicas de cualquier grado de complejidad o extensión.»

Léele otra vez. En 1843, Ada Lovelace predijo la IA generativa.

No veía las computadoras solo como calculadoras. Las imaginaba como motores creativos: máquinas capaces de generar música, arte y contenido. Suena familiar, ¿verdad? Esto es exactamente lo que hacemos hoy con modelos de difusión, transformers y redes neuronales.

La ciencia poética: cuando la matemática se encuentra con la imaginación

La madre de Ada, Lady Byron, temía que Ada heredara el temperamento caótico y poético de su padre, Lord Byron. Así que hizo lo que cualquier aristócrata preocupado haría en los años 1820: obligó a Ada a estudiar matemáticas como antídoto a la poesía.

Irónicamente, esto creó la tormenta perfecta. Ada no abandonó la poesía; la fusionó con las matemáticas. Llamó a su enfoque “ciencia poética”, una síntesis de lógica rigurosa y pensamiento imaginativo.

Esta mentalidad es exactamente lo que exige el desarrollo moderno de IA. Los mejores investigadores no son solo matemáticos: son personas capaces de imaginar lo que aún no existe y construir los sistemas formales para hacerlo realidad.

Los límites de las máquinas: la advertencia de Ada sobre la “inteligencia artificial”

Ada escribió:

«La Máquina Analítica no pretende originar nada. Puede hacer todo lo que sepamos ordenar que haga.»

Muchos malinterpretan esto como que Ada decía que las máquinas nunca podrían ser creativas. Pero léelo con cuidado: no está diciendo que las máquinas no puedan crear, sino que no pueden hacerlo sin instrucciones.

Este es el debate que tenemos hoy con modelos de lenguaje grandes. ¿Puede ChatGPT “pensar”? ¿Puede Midjourney “crear”? La respuesta de Ada probablemente sería: ambos, y no importa.

Ella entendía que la frontera entre ejecución y creación es más difusa de lo que creemos. Cuando una máquina compone música según reglas armónicas, ¿está creando o ejecutando? Cuando GPT-4 escribe una frase nunca antes vista, ¿es originalidad o predicción sofisticada?

Ada no afirmó que las máquinas nunca originarían nada; dijo que, dadas las limitaciones de su época, no podían. Pero dejó la puerta abierta: a medida que nuestra comprensión de las instrucciones se haga más sofisticada, también lo serán las capacidades de las máquinas.

El legado de Ada en la era de las redes neuronales

La IA moderna lleva la huella de Ada por todas partes, aunque muchos no lo sepan:

  1. Pensamiento algorítmico como base
    Cada pipeline de machine learning—preprocesamiento de datos, entrenamiento del modelo, inferencia—se basa en la lógica condicional y los bucles que Ada inventó.
  2. IA creativa y modelos generativos
    El auge de la IA generativa (GPT-4, Claude, Stable Diffusion) es la realización directa de su visión. Predijo máquinas que componen música y generan salidas complejas a partir de entradas abstractas.
  3. Ética y responsabilidad
    Ada se preocupaba por el mal uso de las máquinas. Hoy debatimos sobre alineamiento, sesgos de entrenamiento y armas autónomas: las mismas preguntas que ella planteó.
  4. Colaboración interdisciplinaria
    Trabajó con Babbage, pero no solo como asistente: fue su igual intelectual. Hoy los avances en IA surgen de la intersección entre informática, neurociencia, lingüística y filosofía.

Por qué Ada desapareció (y por qué vuelve)

Durante más de un siglo, Ada Lovelace fue olvidada. Babbage se llevó el crédito. La Máquina Analítica quedó en un segundo plano. Sus notas fueron minimizadas o atribuidas a Babbage.

¿Por qué? Las razones habituales: era mujer, murió joven, y su trabajo era teórico.

Pero en los años 50, cuando surgieron las computadoras, se empezó a leer sus notas y se vio que tenía razón en casi todo. El Departamento de Defensa de EE. UU. nombró un lenguaje de programación Ada en su honor, y los científicos la llamaron “la primera programadora”.

Hoy, en la era de la IA, su trabajo es más relevante que nunca.

La lección final: visión sin ejecución es inútil… y ejecución sin visión también

Ada nunca vio su algoritmo funcionar. Babbage nunca terminó la máquina. Su trabajo existía en teoría.

Pero esa teoría importó. Marcó cómo futuras generaciones pensarían sobre las máquinas. Plantó semillas que Turing, von Neumann y Grace Hopper cultivarían más tarde.

En desarrollo de software, a veces solo valoramos la ejecución: lanzar rápido, romper cosas, producto mínimo viable. Y eso es importante.

Pero el legado de Ada recuerda algo fundamental: el mundo no necesitaba más ingenieros en el siglo XIX, necesitaba personas capaces de imaginar lo que aún no existía.

Hoy, al borde de la inteligencia artificial general, no necesitamos más gente que entrene modelos: necesitamos más Ada Lovelaces.

Conclusión: la programadora que vio el mañana

Ada Lovelace no solo fue la primera programadora. Fue la primera en entender lo que la programación podía llegar a ser.

Vio las máquinas como aliadas, no como sirvientes.
Vio el código como expresión creativa, no solo instrucciones.
Vio el futuro no como destino fijo, sino como un espacio de posibilidades infinitas.

En 2025, mientras la IA redefine industrias y nos obliga a replantearnos la inteligencia, el trabajo de Ada sigue siendo tanto una base como un desafío:

Hemos construido las máquinas que ella imaginó. Ahora la pregunta es: ¿somos lo suficientemente sabios para usarlas como ella soñó?

Ada Lovelace ya conocía la respuesta: la máquina solo es tan brillante como la visión que la guía.

Y la visión, como siempre, es un esfuerzo humano.

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