Hay personas que llegan a la creación de contenido porque descubren una oportunidad. Y luego están las que, en realidad, llevan haciéndolo toda la vida sin llamarlo así.
Luis Herreras pertenece bastante a la segunda categoría. Antes de que existiera Sandia Byte ya tenía blogs en los que escribía sobre tecnología, compartía noticias y, sobre todo, intentaba explicar lo que estaba pasando en un sector que siempre le ha despertado curiosidad. Nació en Valladolid, vive en Madrid desde los diez años y reconoce que tiene cierta tendencia a emocionarse cuando encuentra algo que le fascina y a seguir hablando de ello más de la cuenta.
Probablemente de ahí venga buena parte de Sandia Byte.
Gabriel Cerra tampoco parece haber seguido precisamente una línea recta. Se define como una persona curiosa, soñadora y con “exceso de estamina” cuando aparece la palabra imposible. Ha escrito, creado, enseñado y trabajado en proyectos audiovisuales y tecnológicos y, por el camino, ha ido acumulando nuevas ideas y alguna que otra locura. Es asturiano y lleva consigo ese orgullo por su tierra que, según cuenta, también incluye una capacidad casi sobrenatural de sus paisanos para llenarte la mesa de comida como lo haría una abuela.
Los dos comparten una cosa bastante más importante: la necesidad de entender, crear y compartir lo que descubren.
Y quizá por eso Sandia Byte funciona.
El podcast nació en 2019 de la mano de Luis con una idea bastante sencilla: hablar de tecnología sin caer ni en el exceso de tecnicismos ni en explicar las cosas como si quien escucha no tuviera ni idea.Desde abril de 2024, Gabriel está al otro lado del micrófono y el proyecto entró en una nueva etapa.
Hoy publican cada lunes y, más allá de las cifras, han conseguido algo más difícil de construir: que haya personas que hayan incorporado Sandia Byte a su rutina. Gente que pone el episodio mientras conduce, va al gimnasio o saca al perro.
Y todo esto con una premisa que parece sencilla, pero que atraviesa prácticamente toda la entrevista: hablar de tecnología como hablarían entre ellos dos amigos.
Antes de Sandia Byte ya estaban contando tecnología
Para Luis, crear contenido no fue exactamente una decisión profesional. Más bien fue algo que llevaba haciendo tanto tiempo que terminó cambiando de formato.
“Lo que costó no fue tener la idea, fue empezar.”
Antes del podcast estuvieron los blogs. Después llegó la idea de hacer un programa de tecnología. Y ahí apareció el problema que probablemente conoce cualquiera que haya tenido una idea durante demasiado tiempo: pensarla es mucho más fácil que hacerla realidad.
Luis llevaba años dándole vueltas a la posibilidad de crear un podcast. La idea estaba ahí. Lo que tardó bastante más fue el primer episodio.
“La vuelta número cien no te va a dar información nueva. Solo la da publicar.”
Porque una cosa es imaginar cómo podría ser un proyecto y otra muy distinta descubrir qué pasa cuando realmente lo publicas.
En 2019 decidió probar.
Sandia Byte nacía con una intención muy clara: encontrar ese punto intermedio entre la explicación excesivamente técnica y la divulgación que simplifica tanto las cosas que termina vaciándolas de contenido.
Tecnología, pero para humanos.
El propio nombre tiene algo de esa filosofía. “Sandía” por algo fresco, veraniego y fácil de disfrutar. “Byte” porque, bueno, había que meter la tecnología en algún sitio. El resultado es un nombre que encaja bastante bien con el tono del proyecto.
Pero si Luis llevaba años queriendo hacer el podcast, Gabriel llegó de una manera bastante menos planificada.
Luis le propuso participar.
Su sistema nervioso, según sus propias palabras, respondió que sí “con 0 tokens de procesamiento”.
Y ahí empezó una etapa nueva.
Dos personas, dos maneras de mirar la tecnología
Una de las claves de Sandia Byte está precisamente en que Luis y Gabriel no aportan lo mismo.
Luis dirige el programa y se mueve especialmente cómodo entre nuevas tecnologías, gadgets y, sobre todo, el contexto que hay detrás de cada noticia. No le interesa únicamente saber qué producto ha salido o qué compañía ha lanzado una nueva herramienta. Quiere entender por qué ha ocurrido, quién ha tomado la decisión y qué puede significar dentro de unos años.
Gabriel, en cambio, reconoce que funciona un poco más en su propio universo paralelo.
Le gusta cuestionar las cosas, buscar otros puntos de vista y llevar la tecnología un poco más lejos. También tiene una relación bastante particular con Apple, hasta el punto de que la propia manzana se ha convertido en una de sus discusiones recurrentes con Luis.
Y ahí está precisamente la gracia. No intentan estar de acuerdo.
De hecho, Luis lo resume bastante bien:
“Un podcast de dos que están de acuerdo en todo es un monólogo con eco.”
La química entre ambos no parece algo especialmente diseñado. Está en las interrupciones, en las bromas, en las discrepancias y también en esos momentos en los que uno de los dos tiene que parar al otro porque se ha ido demasiado lejos por una rama.
La tecnología también puede explicarse sin hablar raro
Sandia Byte parte de una idea que parece obvia, pero que no siempre es tan fácil de aplicar: si quieres que alguien entienda una tecnología, primero tienes que conseguir que le importe.
Por eso, cuando hablan de un tema técnico, intentan empezar por sus consecuencias.
No por cómo funciona un chip, sino por lo que ese chip puede cambiar en un teléfono. No por una arquitectura llena de siglas, sino por qué debería importarle a alguien.
Y hay otra regla que utilizan casi sin darse cuenta: permitirse no entender algo.
Si Gabriel no entiende una explicación de Luis, lo dice. Si Luis tiene que volver atrás, vuelve.
Eso no es un problema dentro del podcast. Es parte del formato.
Porque probablemente haya alguien escuchando que tampoco lo había entendido.
“La divulgación no consiste en simplificar hasta que no quede nada: consiste en no dejar a nadie fuera de la conversación.”
Para Luis hay una regla bastante sencilla:
“Si no se lo podrías contar así a un amigo, es que no lo has entendido bien tú.”
Gabriel añade algo más sencillo: un poco de comedia tampoco sobra.
Y ahí vuelve a aparecer una de las características más reconocibles de Sandia Byte: no quieren sonar como un medio tecnológico intentando parecer importante.
Quieren sonar como ellos.
El problema no era empezar. Era seguir
Sandia Byte nació en 2019, pero su historia no ha sido completamente lineal.
Hubo un parón.
Luis lo cuenta sin demasiado drama: un podcast independiente puede desaparecer fácilmente cuando depende de una sola persona. Llegan semanas complicadas, trabajo, cansancio, vida personal… y si no hay nadie esperando al otro lado del micrófono, resulta muy sencillo decir “esta semana no”.
La solución fue volver acompañados.
“Cuando uno flojea, el otro tira.”
Cuando Sandia Byte regresó el 7 de abril de 2024, lo hizo con Gabriel como copresentador y una nueva dinámica. Desde entonces, hay una cosa que se repite semana tras semana: llega el lunes y toca podcast.
O casi.
Porque Gabriel se apresura a matizar que algún lunes se ha convertido en martes.
Pero la idea sigue ahí: publicar de forma constante aunque la semana no haya salido exactamente como estaba previsto.
Y para ellos la constancia no depende tanto de la motivación como de tener un sistema.
Dos personas.
Un día fijo.
Una estructura.
Y la capacidad de aceptar que algunos episodios serán mejores que otros.
Porque, como dice Luis, publicar un episodio correcto es infinitamente mejor que no publicar esperando al episodio perfecto.
El equipo importa menos de lo que parece
Otra de las ideas que han aprendido durante estos años es que empezar no requiere una gran inversión.
Luis comenzó grabando con los auriculares del iPhone. Después utilizó un Blue Yeti que le prestaron y, cuando el proyecto ya había demostrado que iba en serio, compró un Shure MV7+.
El orden es importante.
Primero demostrar que vas a hacerlo. Después mejorar el equipo.
Para ellos, el audio sí merece especial atención porque un mal sonido puede hacer que alguien abandone un podcast rápidamente.
Pero cámaras, luces, plugins, diseños o una web pueden esperar.
Gabriel, que ya tenía experiencia en sonido, partía de otro punto y tenía equipo que llevaba utilizando durante años. Ahora está invirtiendo más en la parte visual, aunque reconoce que ese camino puede convertirse fácilmente en un pozo sin fondo.
La filosofía, sin embargo, es la misma: invertir para reducir fricciones, no para aparentar que el proyecto es más grande de lo que es.
“Los primeros cincuenta oyentes son gente que te quiere”
Construir audiencia tampoco tuvo ningún truco secreto.
Los primeros oyentes fueron los de siempre: amigos, familia y personas a las que daba bastante vergüenza pedir que escucharan el podcast.
Después llegaron YouTube, los cortes verticales, Instagram y los eventos.
Pero hay algo que los dos parecen valorar especialmente: la diferencia entre tener audiencia y tener comunidad.
Los oyentes no solo consumen Sandia Byte. También les mandan noticias, les proponen temas, comentan los episodios y, en ocasiones, empujan a Luis y Gabriel a probar nuevas ideas.
Esa relación ha ido creciendo hasta superar los 18.000 seguidores en Instagram y más de 2.000 escuchas mensuales solo en Spotify, además del reconocimiento en el TOP 100 de los Premios iVoox en 2024 y 2025.
Pero probablemente una de las mejores formas de entender lo que significa esa comunidad sea una anécdota bastante menos cuantificable.
Cuando una semana tuvieron que retrasar el episodio por un problema familiar, los oyentes empezaron a preguntar si todo estaba bien.
Para Gabriel fue una señal importante.
El podcast ya no era simplemente algo que ellos publicaban.
Había gente al otro lado que se había acostumbrado a estar ahí con ellos.
El primer mes no debería servir para preparar el proyecto
Si alguien les dijera hoy que quiere empezar un podcast, Luis no le recomendaría diseñar primero una web, buscar el logo perfecto o comprar el equipo más caro.
Le diría que publique.
Concretamente, cuatro episodios durante el primer mes.
No cuatro episodios para conseguir audiencia. Ni para cerrar un patrocinio. Ni para hacerse viral.
Cuatro episodios para descubrir si realmente puede mantener el proyecto.
Porque después de esas primeras semanas aparecen preguntas que ningún tutorial puede responder:
¿Cuánto tardas realmente en preparar un episodio? ¿Qué formato puedes mantener? ¿Qué día tienes tiempo para grabar? ¿Te sigue apeteciendo hacerlo después del cuarto episodio?
Gabriel añade otra idea: empezar buscando la forma más cómoda de crear y reducir las fricciones todo lo posible.
Y después, lanzarse.
“Tírate a la piscina, es la única manera de saber si hay agua.”
Crear contenido cuando también tienes una vida
Hay una parte de crear contenido que desde fuera suele desaparecer: el tiempo que hay detrás.
Porque una hora de podcast no es una hora de trabajo. Hay que investigar, seleccionar temas, preparar el episodio, grabar, editar, hacer la miniatura, publicar y sacar contenido para redes. Y en el caso de Sandia Byte hay otro pequeño detalle: Luis está en Madrid y Gabriel en Gijón.
La solución ha sido construir un proceso completamente en remoto y, sobre todo, mantenerlo sencillo.
Para organizarse utilizan ClickUp, donde centralizan los temas que van encontrando, los guiones y el reparto de tareas. Para grabar utilizan Riverside, que les permite registrar el audio y vídeo de cada uno por separado y mantener una buena calidad aunque estén a cientos de kilómetros. La misma herramienta les sirve después para la edición, evitando mover archivos de un sitio a otro. Y para distribuir el podcast utilizan Spotify for Creators, desde donde llega al resto de plataformas, además de publicar los episodios completos en YouTube.
No es un stack especialmente complejo. Y precisamente esa es la intención.
Como explica Luis, prefieren una herramienta que funcione siempre a otra mucho más potente que añada pasos y pueda hacer que un lunes todo se complique.
Porque al final, la tecnología también puede servir para algo tan poco glamuroso como conseguir que dos personas con trabajos, viajes y otros proyectos puedan sentarse cada semana a hacer un podcast.
Y ahí está buena parte de su fórmula para mantener la constancia: no intentan que todas las semanas sean buenas; intentan que una semana mala no termine con el proyecto.
La IA les ayuda, pero no se sienta al micrófono
La inteligencia artificial también ha entrado en el proceso de Sandia Byte, aunque con una frontera bastante clara.
La utilizan para investigar, resumir, transcribir, preparar títulos, descripciones o resolver tareas repetitivas.
Pero no para sustituir la conversación.
Para Luis, esa diferencia es fundamental. Si el valor del podcast está precisamente en escuchar a dos personas discutir, bromear, equivocarse y discrepar, automatizar esa parte sería eliminar aquello que hace que el proyecto tenga sentido.
Gabriel lo plantea desde otro ángulo: no utiliza la IA para crear el contenido; utiliza la IA para conseguir tiempo para poder crearlo.
Es una diferencia importante.
La herramienta no sustituye la curiosidad. La libera.
Cuando todo el mundo pueda producir contenido con una calidad técnica impecable, lo que quedará será precisamente lo más difícil de automatizar: el criterio, la personalidad y la conexión con otras personas.
Lo que han aprendido después de más de cien episodios
Después de tantos episodios, Luis tiene bastante claro que no hay demasiados secretos detrás de un proyecto de contenido. “El 90% de esto es aguantar.”
Y aguantar también significa aceptar que no siempre sabes qué va a funcionar. A veces un episodio al que has dedicado horas pasa sin pena ni gloria y, otras, una conversación que parecía de lo más normal termina siendo la favorita de la audiencia.
Como explica Luis, “tus episodios favoritos no van a ser los favoritos de la gente”. Y aprender eso también forma parte del proceso: puedes controlar lo que haces, pero no lo que consigue conectar al otro lado.
Monetizar después, no antes
Sandia Byte tampoco nació pensando en monetizar.
Primero necesitaban demostrar que había audiencia y, sobre todo, que el proyecto iba a seguir existiendo.
Las colaboraciones con marcas han llegado después y de forma puntual.
Y aquí mantienen una regla bastante clara: si no se lo recomendarían a un amigo, no entra.
Para ellos, un podcast pequeño puede tener una ventaja frente a uno masivo: una audiencia mucho más concreta.
No se trata de vender millones de impresiones, sino de llegar a personas realmente interesadas en tecnología.
Por eso también han trabajado en hacer visibles sus datos de audiencia y sus formatos para facilitar que una marca pueda valorar una colaboración.
Y hay algo más importante: no esperar a que las marcas lleguen solas.
También hay que escribirles.
Lo que viene después
El proyecto ya ha conseguido entrar en el TOP 100 de los Premios iVoox en la categoría de Empresa y Tecnología en 2024 y 2025.
Ahora quieren seguir creciendo y aspiran a entrar en el TOP 20.
Pero el objetivo no es únicamente el puesto.
También quieren hacer más directos, encontrarse con la comunidad en persona y seguir desarrollando proyectos alrededor del podcast.
Ya han empezado a explorar ese camino con Kloset, una aplicación gratuita para iPhone, y con Sandia Village, un nuevo proyecto que todavía está tomando forma.
La idea no es convertir Sandia Byte en otra cosa.
Es construir alrededor del podcast un espacio donde la comunidad también pueda hacer cosas.
Pero hay algo que parece estar por encima de cualquier cifra: que siga apeteciendo grabar.
Gabriel lo tiene claro. Quiere conservar esas horas de la semana en las que puede desconectar, hablar de las cosas que le apasionan y compartirlas con otras personas. Luis, por su parte, sigue encontrando algo especial en esos lunes que empezaron casi por casualidad en 2019.
Empezó hablando de tecnología delante de un micrófono sin saber quién estaba al otro lado. Ahora hay personas que esperan ese episodio cada semana.
Y quizá ahí esté la clave de Sandia Byte. No tanto en haber encontrado una fórmula para hacer crecer un podcast, sino en haber construido un espacio en el que dos personas pueden seguir siendo curiosas, discutir, aprender y pasárselo bien juntas. Y, de paso, conseguir que cada vez más gente quiera sumarse a la conversación.
Porque, al final, su filosofía se puede resumir bastante bien en una idea: la tecnología puede ser todo lo complicada que quiera. Explicarla no tiene por qué serlo.
Gracias, Luis y Gabriel, por el rato, por abrirnos las puertas de Sandia Byte y por compartir con nosotros todo lo que hay detrás del proyecto. Ha sido un placer charlar con vosotros y conocer un poco mejor esa otra parte que no se ve cuando simplemente le das al play.
Os dejamos uno de sus últimos episodios que han subido 24 de agosto de 2026:




