El primer evento tech de Mari Carmen fue en enero de 2025. Estaba haciendo un bootcamp de desarrollo web, no conocía a nadie y la charla sobre Arquitectura Hexagonal le sonaba a otro planeta. Hoy sigue asistiendo a eventos, colabora en comunidades y considera a la comunidad tech de Madrid una parte importante de su camino como desarrolladora.
Hay gente que llega a una comunidad porque conoce a alguien. Otros porque llevan años en el sector y ya tienen su pequeña agenda de contactos. Y luego está Mari Carmen Tajuelo, que llegó a su primer evento tech sin conocer absolutamente a nadie.
Bueno, a casi nadie.
Su primer contacto con Codemotion fue el 16 de enero de 2025, en una charla sobre Arquitectura Hexagonal que organizamos en EY. Por aquel entonces estaba haciendo un bootcamp de desarrollo web y su profesor le había recomendado acercarse a algún evento para seguir aprendiendo y, de paso, conocer gente del sector.
Era su primer evento tech.
Y quizá la mejor forma de describir cómo se sentía sea la que utiliza ella misma:
“Me sentía como una liebrecilla asustada y con ansiedad.”
La imagen es bastante ilustrativa porque, además, el contexto no ayudaba demasiado. Era un workshop y sabemos que puede ser frustrante
Mientras en el bootcamp estaba aprendiendo Flexbox, en el evento estaban hablando de Arquitectura Hexagonal.
Normal que su cabeza hiciera un pequeño cortocircuito.
¿Qué hago yo aquí? ¿De qué están hablando?
Pero precisamente en ese evento pasó algo que terminó siendo bastante más importante que entender o no entender la charla.

A veces entrar en una comunidad es tan sencillo como que alguien te presente
Durante el evento, Mari Carmen me escuchó hablar sobre CWW, el proyecto de Codemotion relacionado con mujeres en tecnología. Se acercó a preguntarme por él y por la comunidad.
También me contó que había venido sola.
Y ahí pasó una de esas cosas que desde fuera parecen pequeñas, pero que cuando eres la persona que acaba de entrar sola en una sala llena de desconocidos no lo son tanto.
Le cogí de la mano y le dije:
“Ven, que te voy a presentar a gente de la comunidad , que son muy majos y te van a poder ayudar con tus dudas.”
Y fuimos. A partir de ahí, conoció a gente que le ayudó, le dio consejos y, sobre todo, la animó a seguir aprendiendo. Y después de la charla nos fuimos todos a tomar algo. Sin ponencias, sin preguntas técnicas y sin ese punto de “somos profesionales del sector”, simplemente hablando y conociéndonos un poco más a nivel personal.
“Gracias a ese gesto tan humano pude conocer a gente maravillosa y dar mis primeros pasos para formar parte de la comunidad tech de Madrid”, recuerda.
Y creo que ahí está una de las cosas buenas de los eventos.
Puedes pasarte meses aprendiendo tecnología por tu cuenta, haciendo cursos y peleándote con código. Pero a veces lo que necesitas para empezar a sentir que formas parte de un sector no es otra charla.
Es conocer a alguien.
Lo difícil no siempre es aprender tecnología
Después de aquel primer evento, Mari Carmen siguió viniendo a meetups.
Y poco a poco empezó a pasar eso que pasa cuando dejas de ir una vez y empiezas a volver: las caras empiezan a resultarte familiares. Primero reconoces a alguien de vista, luego vuelves a coincidir, acabas hablando y, sin darte cuenta, ya hay gente a la que saludas nada más llegar.
Para alguien que había entrado sola en su primer evento sin conocer a nadie, ese cambio significaba mucho.
Además, descubrió que un evento no termina cuando acaba la charla. Muchas veces, de hecho, lo mejor viene después.
Las conversaciones mientras recoges, el “¿tú qué haces?”, hablar de un proyecto, resolver una duda que no te atreviste a preguntar durante la charla o simplemente acabar tomando algo con gente con la que hasta hace un rato no habías hablado nunca.
Como ella misma explica: “Ese espacio es ideal para intercambiar ideas, hablar de proyectos o simplemente conectar a nivel humano más allá de la tecnología.”
Y eso también forma parte de aprender. Porque cuando estás empezando en un sector, no todo consiste en aprender tecnología. También necesitas encontrar personas con las que compartir el camino.

Tener una comunidad hace que todo pese un poco menos
Empezar una carrera en tecnología mientras todavía estás intentando entender conceptos nuevos ya tiene bastante trabajo.
Y hacerlo sintiendo que todo el mundo sabe muchísimo más que tú puede ser todavía más complicado.
Mari Carmen lo tiene claro: haber encontrado una comunidad hizo que su transición al mundo tech fuese diferente.
“Sin una comunidad tan bonita como la que tenemos en Madrid, mi transición hacia el mundo tech habría sido muchísimo más dura y solitaria.”
Durante este tiempo ha conocido referentes, ha hecho amigos, ha compartido proyectos y ha encontrado personas a las que preguntar cuando algo no estaba claro.
Y eso, cuando estás empezando, vale bastante.
Lo curioso es que ahora es ella quien está al otro lado
Hay algo que me gusta mucho de esta historia.
Mari Carmen ya no es aquella persona que llegó sola a EY preguntándose qué hacía allí.
Ahora sigue viniendo a eventos, pero también colabora en su organización. La persona que necesitaba que alguien le presentara a los demás ahora forma parte de esa misma comunidad que un día la recibió.
Supongo que así funcionan muchas comunidades cuando funcionan de verdad: alguien te ayuda cuando estás empezando y, con el tiempo, acabas haciendo tú lo mismo por otra persona.
“Formar parte de esto es súper enriquecedor no solo a nivel profesional, sino también personal.”
Y no es solo una cuestión de contactos.
Son las personas que acabas conociendo, los proyectos que compartes, las conversaciones que se quedan después de un evento y esa sensación bastante difícil de explicar de llegar a un sitio y sentir que ya conoces a alguien.
“Si vienes solo, escríbeme”
Por eso, cuando le preguntamos qué le diría a alguien que está pensando en ir solo a su primer evento tech, no se complica demasiado.
Que vaya.
Sí, probablemente dé un poco de apuro. Es bastante normal entrar en una sala sin conocer a nadie y pensar que todo el mundo tiene su grupo menos tú.
Pero la mayoría de las veces la gente también está ahí para conocer a otras personas.
Y si eso no termina de convencerte, Mari Carmen tiene una solución todavía más sencilla:
“Si aun así a alguien le da apuro, ¡que me escriba por privado! Si coincidimos en el evento, podemos ir juntos sin problema. ¡Que no sea por falta de opciones!”
Me parece una buena oferta.
Porque al final una comunidad no se construye únicamente organizando eventos, buscando speakers o llenando una sala.
También se construye cuando ves a alguien solo y decides acercarte.
Cuando presentas a dos personas que todavía no se conocen.
Cuando alguien te pregunta algo y no le haces sentir que debería haberlo sabido ya.
Y cuando consigues que la persona que llegó pensando “¿qué hago yo aquí?” vuelva la siguiente vez.
Lo que Mari Carmen le diría a aquella primera versión de sí misma
Si hoy pudiera volver a aquel 16 de enero de 2025, probablemente Mari Carmen tendría bastante más contexto que aquella versión que estaba intentando entender qué demonios era la Arquitectura Hexagonal mientras estudiaba Flexbox.
Pero tampoco le diría que se preocupara demasiado por entenderlo todo.
Le diría paciencia.
Porque muchas de las cosas que entonces parecían complicadas acabarían saliendo. Y, entre unas cosas y otras, conocería a gente que se convertiría en referente, haría amigos, compartiría proyectos y encontraría una comunidad de la que ahora también forma parte activa.
Y hay algo más que me gusta pensar cuando recuerdo aquella tarde.
Que quizá no hacía falta entender la charla.
Ni conocer a nadie.
Ni llegar preparada.
Quizá solo hacía falta atreverse a entrar.
Y tener la suerte de que, cuando llegas, alguien te diga:
“Ven, que te presento a los demás.”
Gracias, Mari Carmen, por contarnos tu experiencia y por compartir cómo viviste aquel primer evento. También por recordarnos algo que a veces se nos olvida cuando llevamos mucho tiempo dentro de una comunidad: que para quien llega por primera vez, hasta el gesto más pequeño puede marcar la diferencia.
Y quizá esa sea una buena razón para seguir acercándonos a quienes llegan solos.
Porque nunca sabes si ese “ven, que te presento a los demás” va a ser el principio de algo mucho más grande. Además personalmente leer estas cosas hace que mi trabajo merezca la pena.

