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Natalia de Pablo Garciajunio 30, 2026 13 min read

Un balón con cerebro: la ingeniería detrás del Trionda

Historias
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El balón oficial del Mundial 2026 es fruto de la colaboración entre Adidas, la FIFA y Kinexon, una empresa alemana especializada en sistemas de localización de alta precisión y análisis de datos en tiempo real.

Si el nombre Kinexon no te suena demasiado, es normal. Hasta hace pocos años era una compañía centrada en la industria y la logística, donde desarrollaba sistemas para rastrear objetos, maquinaria y personas con precisión casi quirúrgica. Hoy, en cambio, su tecnología ha saltado al deporte de élite: balonmano, baloncesto y grandes competiciones internacionales de fútbol.

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Meter electrónica dentro de un balón no es nada trivial

Introducir un sistema electrónico en un balón reglamentario es un problema de ingeniería bastante serio.

Un balón oficial pesa entre 410 y 450 gramos, y cambiar mínimamente la distribución de ese peso puede alterar su comportamiento: trayectoria, efecto o rebote.

Por eso, el módulo electrónico tiene que cumplir tres condiciones críticas:

  • ser extremadamente ligero
  • estar perfectamente equilibrado
  • y colocarse en un punto donde su presencia sea prácticamente “invisible” para el jugador

Y aun así, el peso es lo de menos.

Durante un partido, un balón puede superar fácilmente los 150 km/h. En algunos casos se han registrado tiros aún más rápidos, aunque las cifras exactas siguen siendo discutidas.

Cada impacto genera aceleraciones brutales que se transmiten por toda la estructura del balón. El sistema electrónico tiene que soportar miles de golpes sin perder calibración, sin interrumpir la transmisión de datos y sin afectar al comportamiento del balón.

En otras palabras: no basta con que funcione, tiene que hacerlo como si no estuviera ahí.

Por eso el desarrollo del Trionda ha requerido años de investigación en materiales, miniaturización de componentes y simulaciones aerodinámicas.

El objetivo no era crear un balón “inteligente”, sino uno que se sintiera exactamente igual que uno tradicional.

Predicciones de la trayectoria de la distancia horizontal del Trionda sin rotación en función de la velocidad de lanzamiento en la orientación A, en comparación con los demás balones de Mundiales anteriores.

Del Telstar al Trionda: cuando un balón también es un ordenador

Un laboratorio antes de llegar al césped

Antes de pisar un estadio, cada nuevo balón pasa por un largo proceso de desarrollo y pruebas.

Los ingenieros de Adidas someten los prototipos a ensayos en túneles de viento, simulaciones por ordenador y pruebas mecánicas capaces de reproducir miles de impactos consecutivos. Cada panel se analiza para comprobar cómo se deforma, cómo recupera su forma original y cómo responde a la lluvia, la humedad o los cambios de temperatura.

Con el Trionda, además, hay un factor añadido: la electrónica.

El módulo de sensores debe seguir funcionando después de cientos de disparos a gran velocidad. La batería no puede desplazarse ni una fracción de milímetro. La antena de radio tiene que mantener una comunicación estable independientemente de cómo gire el balón durante el vuelo.

Incluso el encapsulado que protege los sensores está diseñado para absorber parte de las vibraciones generadas en cada impacto.

Desde el punto de vista de la ingeniería electrónica, el Trionda es uno de los ejemplos más extremos de diseño rugged: un dispositivo pensado para soportar condiciones mecánicas extremas sin posibilidad alguna de mantenimiento durante el partido.

Un proyecto que empezó mucho antes del Mundial de 2026

Aunque el Trionda sea el protagonista del Mundial de 2026, la idea no nació ahora.

La FIFA ya había introducido un sensor en el interior del Al Rihla, el balón utilizado durante el Mundial de Catar 2022. Aquella primera experiencia funcionó tan bien que Adidas y la FIFA decidieron seguir evolucionando el concepto.

Cuatro años pueden parecer poco tiempo, pero en tecnología equivalen a varias generaciones completas de hardware.

Modo X-Ray de Amazon Prime

El modo X-Ray de Amazon Prime ya nos ha mostrado cosas bastante interesantes, incluso ayudando a hacer más llevaderos algunos momentos de aburrimiento natural en ciertos partidos de Champions.

En ese periodo se ha mejorado prácticamente toda la cadena tecnológica:

  • comunicaciones inalámbricas mucho más fiables;
  • sincronización temporal más precisa;
  • menor latencia;
  • y una integración mucho más estrecha con los sistemas de visión artificial que monitorizan el partido desde el estadio.

Cada avance, por pequeño que parezca, ayuda a que el VAR disponga de información más precisa y pueda tomar decisiones con menos margen de error.


¿Qué hay realmente dentro del Trionda?

Ni Adidas ni la FIFA han publicado el diseño completo del balón. Sería como pedirle a Apple los planos del próximo iPhone. Aquí puedes consultar la brochure oficial: https://via.tt.se/files/3236843/4081263/231264/sv

Si tenemos en cuenta que del balón del Mundial de Catar 2022 —una edición bastante complicada— se vendieron alrededor de 6 millones de unidades, mientras que las ediciones de Alemania y Brasil alcanzaron unos 15 millones cada una, se entiende perfectamente el motivo.

Sin embargo, gracias a la información difundida sobre la Connected Ball Technology y a la documentación técnica publicada por Kinexon, es posible reconstruir con bastante precisión su arquitectura.

Veamos qué esconde en su interior.

La piel: mucho más que una cubierta de plástico

La capa exterior está fabricada con TPU (poliuretano termoplástico) de altas prestaciones.

No tiene nada que ver con las TPU de Google para inteligencia artificial; aquí hablamos de un material muy utilizado en la industria deportiva por combinar varias propiedades fundamentales:

  • gran elasticidad;
  • elevada resistencia al desgaste;
  • impermeabilidad;
  • excelente comportamiento frente a los cambios de temperatura.

Durante un partido, el balón se desliza sobre el césped, recibe impactos de las botas, soporta lluvia, calor y humedad. Su superficie debe responder exactamente igual en cualquiera de esas situaciones.

Pero el material es solo una parte de la historia.

Si se observa de cerca, el balón no es completamente liso.

Las pequeñas texturas visibles en su superficie cumplen una función aerodinámica muy importante: controlar cómo circula el aire alrededor del balón y reducir las turbulencias.

Y aquí aparece una de las grandes novedades del Trionda.


Solo cuatro paneles: una revolución aerodinámica

El Trionda está formado por únicamente cuatro paneles, el menor número utilizado jamás en un balón oficial de un Mundial.

Puede parecer un simple cambio de diseño, pero modifica profundamente la forma en la que el aire rodea la esfera.

Los ensayos realizados en túneles de viento muestran varios efectos muy interesantes.

1. La crisis de arrastre llega antes

En aerodinámica existe un fenómeno conocido como crisis de arrastre (drag crisis).

Es el momento en que el flujo de aire alrededor del balón deja de ser laminar y pasa a ser turbulento.

Los balones anteriores —como el Al Rihla o el Telstar 18— alcanzaban ese punto entre los 50 y los 65 km/h.

En el Trionda ocurre mucho antes, aproximadamente a 43 km/h.

Puede parecer un detalle técnico, pero tiene consecuencias muy importantes sobre la estabilidad del vuelo.

2. Adiós al «efecto Jabulani»

Quienes recuerden el Mundial de Sudáfrica 2010 seguramente se acordarán del Jabulani.

Muchos porteros lo odiaban.

Cuando el balón perdía velocidad, aparecían movimientos laterales imprevisibles que hacían casi imposible anticipar su trayectoria.

Era el famoso efecto knuckleball, similar al de algunos lanzamientos de béisbol.

Con el Trionda ocurre justo lo contrario.

Al entrar antes en régimen turbulento, el balón mantiene un comportamiento mucho más estable durante prácticamente todo el recorrido, especialmente en faltas, centros y disparos habituales.

En otras palabras, vuela de forma mucho más predecible.

3. Surcos y microtexturas

Reducir el número de paneles también tiene un inconveniente.

Al haber menos uniones, desaparecen muchas de las irregularidades que ayudaban a controlar el flujo del aire.

Para compensarlo, los ingenieros de Adidas incorporaron dos elementos:

  • surcos profundos distribuidos por la superficie;
  • una microtextura inspirada en símbolos de los tres países organizadores del Mundial.

Su función es muy parecida a la de las pequeñas hendiduras de una pelota de golf.

Estas irregularidades consiguen que una fina capa de aire permanezca adherida a la superficie del balón durante más tiempo, reduciendo la estela de baja presión que se forma detrás de él.

El resultado es un vuelo más estable y mucho más controlable.

4. Más precisión… a costa de perder algunos metros

Toda decisión de ingeniería implica un compromiso.

La nueva configuración aerodinámica mejora notablemente la precisión en los pases largos, los centros y los saques de esquina.

Sin embargo, también genera una resistencia al aire ligeramente superior cuando el balón alcanza velocidades muy altas.

Las pruebas realizadas muestran que los despejes largos de los porteros o los cambios de orientación de gran distancia pueden perder algunos metros respecto a modelos anteriores.

No es un defecto.

Es simplemente el precio que se paga por obtener un balón mucho más estable y predecible durante el juego.

Los paneles termosellados

Una de las innovaciones introducidas por Adidas desde hace ya varios años es el abandono de las costuras tradicionales. En el Trionda, los paneles se unen mediante termosellado a través de procesos industriales de alta precisión. La ausencia de costuras ofrece numerosas ventajas.

En primer lugar, mejora la impermeabilidad. Un balón cosido tiende a absorber pequeñas cantidades de agua durante los partidos bajo la lluvia, lo que puede modificar ligeramente su peso y su comportamiento dinámico.

Además, el termosellado garantiza una distribución de tensiones mucho más uniforme en toda la superficie, algo especialmente importante, ya que cualquier deformación anómala podría alterar también las mediciones realizadas por los sensores internos.


La cámara de aire

En el centro del balón encontramos la clásica cámara de aire, diseñada para mantener la presión constante durante todo el partido. Como los sensores internos funcionan asumiendo que el balón tiene determinadas propiedades elásticas, la presión se controla con extrema precisión antes de cada encuentro.

Una variación significativa no solo afectaría al comportamiento del balón durante el juego, sino también a la calidad de las mediciones realizadas por la plataforma inercial.

Pensar que Mazzone, mítico entrenador romano, era conocido por desinflar a propósito los balones cuando se enfrentaba a equipos con especialistas en lanzamientos de falta.


La plataforma inercial (IMU)

Una de sus víctimas favoritas era Mihajlović, un auténtico especialista en tiros libres, hasta el punto de que participó en experimentos serios con científicos de Pisa y Bolonia que analizaban sus disparos con cámaras y túneles de viento.

Hoy ese vídeo parece casi un documental de la Edad Media.

Ahora todos los datos pasan por el verdadero “cerebro” del sistema: una Unidad de Medición Inercial (IMU) y un chip Ultra-Wideband (UWB).

Quien desarrolla aplicaciones para móviles conoce bien la IMU. Es el mismo tipo de sensor que permite a un teléfono detectar cuándo se rota, se inclina o se agita.

Aquí, sin embargo, estamos en un escenario muy distinto al de un smartphone. Un teléfono puede caerse accidentalmente de una mesa; el balón, en cambio, es golpeado deliberadamente con los pies, sometido a impactos contra postes, tableros publicitarios o redes de protección.

La IMU integra normalmente dos familias de sensores:


Acelerómetros

Miden las aceleraciones en los tres ejes del espacio. Cuando un jugador golpea el balón, el acelerómetro registra inmediatamente un pico de aceleración. El evento dura apenas milisegundos, pero es suficiente para determinar con precisión el instante exacto del impacto.

Esto es fundamental, especialmente para la detección del fuera de juego, donde es clave saber exactamente cuándo se ha producido el pase.


Giróscopos

Miden la velocidad angular. Son los encargados de registrar la rotación del balón durante un tiro con efecto, un centro o un remate de cabeza.

Combinando acelerómetros y giróscopos, el sistema es capaz de reconstruir el comportamiento dinámico del balón prácticamente en tiempo real.


El firmware

El firmware propietario procesa y transmite datos de posición 3D, aceleración y rotación a una frecuencia de hasta 500 Hz (500 veces por segundo).

Su función consiste en leer continuamente los datos de la IMU, eliminar el ruido, sincronizar temporalmente las mediciones y preparar los paquetes para su transmisión inalámbrica.

Es un software optimizado para consumir muy poca energía y minimizar la latencia. En la práctica, es un pequeño sistema en tiempo real que trabaja de forma silenciosa durante todo el partido.


La antena de radio

Una vez procesados, los datos deben salir del balón. Para ello, el módulo integra una pequeña antena diseñada para transmitir información continuamente a los receptores situados alrededor del campo.

El diseño de esta antena es uno de los mayores desafíos: el balón está en constante rotación, cambia de orientación cientos de veces por minuto y está rodeado de jugadores y objetos con los que puede chocar o deformarse.

Aun así, la transmisión debe seguir siendo estable y fiable.

Y aquí entra la magia del Ultra-Wideband (UWB).

Los sistemas de radio tradicionales (como el WiFi a 2,4 GHz) transmiten en una banda estrecha y continua. El UWB, en cambio, utiliza un espectro muy amplio (normalmente entre 3,1 y 10,6 GHz), enviando impulsos extremadamente cortos miles de millones de veces por segundo.

Gracias a esta amplitud, el UWB no sufre el problema del “multipath” (cuando las ondas rebotan en el estadio o en las personas generando interferencias). Los impulsos son tan breves que el sistema distingue entre la señal directa y los rebotes.

No interfiere con los móviles de los espectadores ni con las cámaras inalámbricas del estadio, ya que utiliza frecuencias y potencias completamente diferentes.

En comparación, la antena del Voyager parece un dinosaurio.

Por cierto, ¿sabías que el primer balón oficial de Adidas en México 1970 se llamaba Telstar, como el satélite lanzado en 1962? El nombre hacía referencia a su forma y al hecho de que aquel Mundial fue el primero retransmitido por satélite.


La batería

Por último, está la fuente de alimentación. En este caso, FIFA y Adidas no han publicado todas las especificaciones técnicas, pero se sabe que el módulo electrónico utiliza una batería recargable diseñada para durar más de los 90 minutos reglamentarios.

Debe ser pequeña, muy ligera, perfectamente equilibrada y capaz de resistir miles de impactos sin dañarse.

Su autonomía cubre no solo el tiempo reglamentario, sino también el calentamiento, la prórroga, los penaltis y las pruebas previas de los árbitros.

Antes de cada partido, el balón se revisa y se recarga de forma inalámbrica por los encargados de material. En internet circulan muchos vídeos —algunos bastante fantasiosos—, pero Adidas aún no ha publicado información oficial más allá de imágenes de una base de carga inalámbrica. De momento, nada de puertos USB.

¿Y si algo falla?

El sistema no solo transmite datos: también monitoriza continuamente el nivel de batería, la calidad de la señal y el correcto funcionamiento del módulo. Si algo se sale de los parámetros, los árbitros son avisados de inmediato y el cuarto árbitro simplemente sustituye el balón, como ocurre hoy cuando uno se daña.

Desde el punto de vista del mantenimiento, el Trionda funciona como un smartphone moderno: está completamente sellado y no está diseñado para abrirse o repararse. No se puede cambiar la batería ni el sensor sin comprometer la integridad del balón y su certificación. Si el sistema falla, el balón se retira.

Es una solución poco sostenible en apariencia, pero necesaria para garantizar precisión, impermeabilidad, equilibrio perfecto y fiabilidad en competiciones de élite.


¿Por qué todo esto sirve realmente al VAR?

Mucha gente cree que el sensor del balón sirve principalmente para detectar el fuera de juego. En realidad, su función más importante es otra: determinar con absoluta precisión el instante exacto en el que el balón es tocado por un jugador.

Puede parecer un detalle menor, pero ese instante es clave para sincronizar el sistema de fuera de juego semiautomático con las cámaras del estadio.

Las imágenes de vídeo, por muy avanzadas que sean, tienen límites físicos: motion blur, compresión y un número limitado de fotogramas por segundo.

El sensor inercial, en cambio, detecta directamente la vibración del impacto del pie con una precisión de milisegundos, ofreciendo un punto de referencia mucho más fiable que el vídeo.

Esa sincronización entre datos electrónicos e imágenes ha reducido notablemente la incertidumbre en las decisiones más polémicas.

Ojalá esto quite audiencia a los conspiranoicos de los lunes por la mañana, aunque al final la gente siempre cree lo que quiere.


¿Y si el balón fuera aún más inteligente?

Si miramos al futuro, los Mundiales de 2030 podrían contar con balones capaces de recopilar una cantidad de información hoy impensable: velocidad instantánea, rotación, efecto Magnus, temperatura de la superficie, presión interna, deformación o desgaste.

La idea más interesante es la de los sensores biométricos indirectos. Sin necesidad de dispositivos en los jugadores, un balón suficientemente inteligente podría inferir información simplemente analizando su propio comportamiento tras cada contacto.

La intensidad del golpe, la precisión del tiro, la calidad técnica o incluso señales de fatiga podrían estimarse mediante modelos de inteligencia artificial.

Suena a ciencia ficción, pero hace pocos años también lo parecía meter un ordenador dentro de un balón.

Hoy es una realidad en los Mundiales. Mañana podría ser una de las herramientas clave para entender el juego, mejorar el arbitraje e incluso ayudar al entrenamiento profesional.

Todo esto entusiasma a los analistas de datos como escolares en una excursión, porque ayuda a separar el espectáculo de la esencia del fútbol:

Sin ser nostálgicos, basta con unas mochilas haciendo de porterías, un balón de plástico y cuatro chavales para ver algo mágico: el fuera de juego, en ese contexto, simplemente no existe…

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Tags:Consejos de carrera

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